jueves, 21 de mayo de 2009

Atrapados en el Laberinto del Fauno: brevísimo ensayo sobre la película de Guillermo del Toro

Con un inicio enternecedor y envuelto en una mística intrigante, comienza esta película de Guillermo del Toro. Una voz de niña, cargada de misterio e inocencia, nos abre las puertas a esta historia, con un canto sigiloso que suena más a murmullo. España, 1944. En el marco del fin de la guerra civil y los combates de grupos que se esconden en las montañas, en su lucha contra el régimen fascista. La primera imagen. Una niña que yace en el suelo, con sangre que brota de su nariz. Se trata de un inicio IN EXTREMAS RES, es decir, que comienza con el final (me lo enseñaron en Primero Básico, no miento). Por medio de sus ojos, nos adentramos a la fantasía (o realidad) que habitara en ella.

La historia del “laberinto del fauno”, narra los acontecimientos sucedidos en torno a una niña, llamada Ofelia, hija de una mujer enferma llamada Carmen, e hijastra de un importante y tirano funcionario del ejército, un capitán de la Guardia Civil, que tenía como centro de operaciones un molino antiguo donde vivía Mercedes, una joven encargada y el doctor Ferreiro, quien se hace cargo del estado de salud de Carmen. En dicho centro operacional rodeado de bosque, Ofelia se encuentra con señales extrañas y hadas, y una noche su curiosidad la guía hacia un laberinto en ruinas, el cual la llevaría con un extraño y fantástico ser: el fauno. El fauno la esperaba, para comunicarle algo importante. Ofelia no era una niña normal. Era una princesa, heredera del trono, que había salido de su pueblo al mundo de la realidad humana, y que su pueblo esperaba, aunque ella no lo recordara, o habitara su alma en otro cuerpo. Pero no es tan sencillo como parece, pues para llegar al objetivo, debía someterse a tres pruebas y superarlas satisfactoriamente, y antes de la más próxima luna llena. Toda esa misión y la fantasía (o realidad) que la envuelve, hace que Ofelia pueda evadir esa realidad humana tan mezquina y ruin que la rodeaba.

Una magnífica historia que al mezclar lo concreto y lo sobrenatural, adentra al espectador en una atmósfera de realismo mágico, en la cual somos capaces de compadecernos del dolor y sufrimientos de la vida de Ofelia, e intrigarnos con los acontecimientos y el suspenso de lo desconocido; y al mismo tiempo nos permitimos soñar con ella, en esta aventura de fantasía (o realidad, insisto) que llegara a cegarla con delirante ilusión. Una historia, acompañada de una gran producción, que la hace dignamente merecedora de considerarse la película de habla hispana, más taquillera y exitosa de todos los tiempos.



lunes, 12 de enero de 2009

Meditando una tarde en el Astoria... (sobre el más reciente disco de La Oreja de Van Gogh)

Luego de algunos meses desde su lanzamiento, y haberme memorizado El Último Vals, como es imperativo para mi con las canciones de la Oreja de Van Gogh, me tomo el tiempo de escuchar todas sus canciones, a casi un mes de haber llegado a mi el disco completo... echando de menos la voz de Amaia, esa dulce y peculiar voz que me susurraba tantas canciones de amor, del mar y de distintas épocas, con letras aparentemente complejas pero que al entenderlas, en algunos casos, hasta echaba a llorar, me encuentro con una singular sorpresa, y comprendo, y confirmo una idea que siempre rondó por mi mente:

La esencia de LOVG se dividía en tres partes:
1. Un tercio correspondía a las geniales letras, ese gran uso de figuras literarias que guardaban un significado impresionante, y al comprenderse eran cautivantes.
2. Otro tercio corresponde a los arreglos musicales y las mezclas de sonido, desde las más extrañas hasta las más dulces..
3. El último tercio, correspondía a la voz de Amaia Montero, quien con su voz nos llevaba al mar y a aquellos momentos de amor, tristeza, meses del año (jaja), y que contaba con esa versatilidad para ser dulce y ser potente, según lo requería cada canción..

De esa esencia quedaron dos tercios, pero no así quiere decir que quede incompleto, pues se le agregó un nuevo tercio: la voz de Leire... esa chica de lindos ojos, quien retó a los millones de opositores a la partida de Amaia, y supo convencernos con su propuesta. Muchos dicen que se parecen ambas voces, otros que es una absurda imitación; pero yo creo que esta voz guarda algo especial, y le da un nuevo aire a La Oreja de Van Gogh, pues ahora le brinda su frescura juvenil y rompe con ese pequeño pero presente aire de ordinariedad, que aunque no querramos admitirlo, comenzaba a hacerse notorio...

Comienza una nueva historia, quizá una nueva era, para La Oreja de Van Gogh, y seguramente los fieles seguidores de su particular y envolvente esencia, estaremos ahí para oirlos nuevamente, a las cinco, en el Astoria..